La académica mexicana y autora de los libros Bioética. Una introducción desde la filosofía y Se busca heroína. Reflexiones en torno a la heroicidad femenina, advierte que la crisis que está atravesando el mundo puede llegar a ser la “tintura de contraste que demuestre que el capitalismo debe ser superado”.

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La filósofa mexicana Mónica Ramírez Solís reflexiona acerca de la pandemia desde la perspectiva de la filosofía de las ciencias.

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La filósofa argentina reflexiona acerca de la pandemia de covid-19 a propósito de la crisis del biocapitalismo.

 

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La filósofa argentina Esther Díaz trae al debate, en el contexto de emergencia sanitaria que nos acucia, el problema de la ancianofobia.

 

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Alejandra Castillo es Doctora en Filosofía y profesora titular del Departamento de Filosofía de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación de Santiago de Chile. En un diálogo exclusivo con Reddem, nos cuenta sobre su perspectiva acerca de la cuestión del género en la filosofía.

 

¿Qué tópicos considera acuciantes para la discusión filosófica hoy en día? ¿Cómo cree que podría instrumentarse una revisión del canon filosófico para darles más visibilidad a las mujeres filósofas pertenecientes a su país y también a nivel global? 

 

Responder tal pregunta implica poner en relación dos zonas no habitualmente invocadas en conjunto: la filosofía y el género. ¿Cuál sería la relación entre filosofía y género? Con la calma de la certeza se dejaría escuchar una primera respuesta que haría notar la total ausencia de relación. El campo de la filosofía no es el del género. El orden de la idea nunca se ha dicho en la particularidad de un sexo, sea cual sea éste. Es por ello, que o bien la pregunta estaría mal planteada, o bien sería irrelevante saber si tiene género la filosofía. La filósofa francesa Genéviève Fraisse señala en Nue est la philosophie (2005), no sin ironía, que la inteligibilidad del mundo no ganaría en nada con la pregunta relativa a la diferencia de los sexos o con el concepto de género.

Otra respuesta, más benévola sin duda, entendería la relación entre filosofía y género en el “menos”: faltan mujeres. Esta benevolencia que permite la entrada de las mujeres en la filosofía, Genéviève Fraisse la describe nuevamente con ironía. Fraisse indica que “los filósofos” quedarían satisfechos con la idea de una reparación histórica, facilitando el acceso de las mujeres al “saber filosófico” y aceptarían horrorizados la misoginia del campo, siempre y cuando esta apertura quedara restringida al “actuar” y no al “pensar”. Esta acción conllevaría políticas de reparación tendientes a la visibilización e incorporación de las mujeres al quehacer y al canon filosófico: es posible leer, entonces, a Hannah Arendt, Simone Weil y quizás los más altruistas incorporarían también a Simone de Beauvoir. Esta respuesta implicaría hacer visible el trabajo de algunas mujeres en el área de la filosofía. No sólo hombres, sino también mujeres. Esta segunda respuesta implicaría, a su vez, la desestabilización de claustros, equipos, escuelas y departamentos de filosofía con la introducción de la diferencia de los sexos.

¿Es esta última respuesta la única relación que se podría establecer entre filosofía y género? ¿O tendríamos que admitir que hay más bien una complicación de la filosofía con el género? Siguiendo lo que esta última pregunta plantea, ha sido dicho que esta complicación no sería otra que la reproducción de un orden androcéntrico por los saberes que la propia filosofía porta.

Así, por ejemplo, lo ha vuelto explícito la filósofa estadounidense Susan Moller Okin, en Women in the Western Political Thought (1979), texto fundamental en que se pone en evidencia los modos en que la filosofía —a pesar de su bullada abstracción y universalismo— organiza un orden social basado en la familia y el amor romántico, lugar y afecto de las mujeres. Hobbes, Kant y Hegel en esto no son una excepción. Esta complicación de la filosofía con el género no la deberíamos entender como un dato anacrónico (hubo cierta vez que la filosofía era escrita por hombres y para hombres, pero bueno, ya no es así: ¡ahora somos modernos!).

La misma Moller Okin se da a la tarea de demostrar la falsedad de aquello en su crítica a la monumental Theory of Justice (1971), de John Rawls. En Justice, Gender and the Family (1987), ella hace visible el modo en que inadvertidamente se narra la justicia en la persistencia de un orden marcadamente masculino contradiciendo con ello, por ejemplo, el reconocido y celebrado presupuesto de imparcialidad rawlsiano figurado en el “velo de ignorancia”. Esta crítica implicó una corrección a la teoría de la justicia de Rawls. Este tipo de reelaboraciones críticas de la tradición filosófica configuró un área de estudio específica: la “justicia de género”. Iris Marion Young, Nancy Fraser, Seyla Benhabib, Robin West, Drucilla Cornell, Catherine Mackinnon, Wendy Brown son algunos de los nombres con los que se debe pensar hoy la filosofía y la política. En consecuencia, no es posible la enseñanza de la filosofía política, por ejemplo, sin tener en consideración esta área y estos nombres. Esto implica, necesariamente, una transformación de las mallas curriculares en las escuelas y departamentos de filosofía en lo que se refiere a este punto.

¿Esto resuelve la complicación de la filosofía con el género? No, sin duda. Desde otra perspectiva, no sólo se ha puesto atención en las “ausencias” sino que también en el modo en que es definido el propio concepto de “género”. Se busca llamar la atención sobre la rápida asociación entre las palabras “género” y “mujeres”. ¿El género siempre y únicamente quiere decir mujeres? Para la filósofa feminista norteamericana Judith Butler no lo es. Distinto a ello, para Butler el concepto de “género” se deja definir mejor como un dispositivo de poder que describe una norma: la heterosexual. Así descrito, el género no sería sino el nombre de la diferencia sexual entendida como lo masculino y lo femenino (diferencia figurada en el hombre y la mujer).

Desde esta definición, la filosofía no estaría tan distante del género, por el contrario, estaría demasiado cerca. Dicho de otro modo, el propio canon de la filosofía —su corpus— narraría en sus conceptos, insistencias y ausencias el cuerpo heterosexual. No tan solo en su “idea” sino que también en su “materialidad”. No olvidemos en este punto el texto de Judith Butler Bodies that Matter. On the Discursive Limits of “Sex” (1993). Es en este seminal libro en donde Butler insistirá, provocadoramente, que el relato de la filosofía no sólo contribuye, y con fuerza, en la configuración de un orden androcéntrico, sino que también, y “performativamente” (a golpe de palabras, letras y narraciones), constituye los modos en que entendemos y describimos la diferencia sexual, entendida como heteronorma. ¿Esto nos debería llevar a abandonar la filosofía? De ningún modo. El trabajo que impone esta interpretación feminista de la tradición filosófica implica releer polémicamente sus enunciados, nombres y textos.

En esta peculiar forma de relacionar filosofía y género, es imposible no mencionar a la filósofa francesa Luce Irigaray y su excepcional texto Speculum, de l’autre femme (1974). En un notable trabajo escritural, volverá visible los modos en que la filosofía platónica describe un orden sexuado. Idea, línea, rectitud, luz, hombres por un lado. Cuerpo, inclinación, apariencia, sombra, mujeres por el otro. Similar ejercicio filosófico realizará con la obra de Nietzsche en Amante marine. De Friedrich Nietzsche (1980), y con Heidegger en L’Oubli de air  —Chez Martin Heidegger (1983).

 ¿Es posible leer y enseñar hoy la tradición filosófica sin poner atención a estas referencias y cuestionamientos de signo feminista? No lo creo. Esta incredulidad está lejos de la simplista idea de la actualización académica, o del estar a la “moda” con los tiempos. Muy por el contrario, hoy la filosofía no podría entenderse sin estos nombres, textos y cuestionamientos.

¿Esto resuelve la complicación de la filosofía con el género? No, sin duda. Todavía es necesario preguntarse cuál es el género de la filosofía en los márgenes, cuál sería el género (cuerpo y letra) de la filosofía en América Latina. Esta última complicación implicaría también intervenir las “filosofías del género” franco o angloparlantes desde cuerpos y hablas no previstas para la propia disciplina. Intervenir, por ejemplo, la filosofía desde los cuerpos y hablas latinoamericanas del feminismo, de la literatura y de las artes visuales. Intervenir, por último, la filosofía con la escritura -y políticas- de Julieta Kirkwood, Nelly Richard, Néstor Perlongher  o Clarice Lispector, por señalar algunas.

Segunda, 18 Mai 2020 12:43

Filósofa del mes: Simone Weil

Simone Weil (París, 3 de febrero de 1909 - Ashford, 24 de agosto de 1943) fue una filósofa y activista política francesa. Formó parte de la Columna Durruti durante la Guerra Civil española y perteneció a la Resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Estudió en la Escuela Normal Superior de París, donde fue discípula del filósofo Alain y por la que se doctoró con una tesis sobre Descartes. Posteriormente enseñó filosofía en la Escuela Normal Superior (1931-1934).

Sexta, 15 Mai 2020 11:12

20 libros de mujeres filósofas

Compartimos con ustedes 20 libros de mujeres filósofas para leer online de manera completamente gratuita durante la cuarentena.

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Ángeles Eraña estudió la licenciatura en Filosofía, la maestría y el doctorado en Filosofía de la Ciencia en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Posteriormente realizó una estancia posdoctoral en el Instituto Jean Nicod (París, Francia). Actualmente es investigadora del Instituto de Investigaciones Filosóficas y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) de México. En 2017 obtuvo el reconocimiento Sor Juana Inés de la Cruz y en 2018 realizó una estancia de investigación como profesora invitada en la Universidad de Barcelona con el grupo Logos.

Su área de especialización es la filosofía de la ciencia. Ha trabajado, sin embargo, en temas relativos a distintas áreas de la filosofía como son la epistemología, la filosofía de la mente y las ciencias cognitivas. Recientemente su investigación ha dado un giro hacia la epistemología y la metafísica social. En este viraje se ha dedicado a estudiar problemas vinculados con la filosofía de las ciencias sociales y la teoría política.

Ha publicado diversos artículos en revistas especializadas de filosofía y actualmente está editándose un libro de su autoría intitulado “De un mundo que hila personas”, en el que argumenta que la paradoja individuo/sociedad es una falsa paradoja.

Entrevistamos en exclusiva a Ángeles Eraña, quien forma parte del Comité Consultivo de la Red de Mujeres Filósofas de América Latina, acerca del rol de las mujeres en la filosofía, la discusión filosófica contemporánea en general y la filosofía latinoamericana en particular.

 

¿Cuál cree usted que es la relevancia de la enseñanza de la filosofía a les jóvenes de hoy?

 

Desde mi perspectiva, la filosofía nos enseña a preguntar, nos ayuda a saber cuándo una pregunta abrirá caminos de indagación y cuándo probablemente no lo hará. La capacidad de buscar mirar más allá de lo evidente viene aparejada con el preguntar y es la base para el pensamiento crítico, esto es, para la reflexión que nos permite mirar lo que hacemos, lo que está supuesto en lo que hacemos, las consecuencias de esos supuestos dado el mundo en el que ellos operan. 

El mundo que vivimos hoy tiene prisa, camina apresurado. Tanta premura imposibilita el análisis y la evaluación de nuestras acciones, de sus consecuencias en y para el mundo. Tanto apuro nubla nuestra capacidad de mirar más allá de lo evidente, cercena nuestra capacidad crítica. La rapidez y la pausa no suelen ir de la mano. El mundo cada día camina más aprisa. Las pausas que a veces nos brindaba son cada vez más distantes, no hay ya paréntesis que permitan insertar dudas, preguntas, acotaciones a nuestros modos de hacer, ser y decir.  

Las jóvenes nacieron en este mundo acelerado. Algunas no conocen la pausa. La filosofía y su enseñanza es hoy más urgente que antes precisamente por esta razón. Si ella nos permite mirar más allá de lo evidente, si ella nos enseña a preguntar y si quizá parte de lo que necesitamos para que este mundo se dibuje más bello es comprenderlo, entonces quizá necesitamos aprender a preguntar. No hay comprensión sin duda, sin pregunta, sin cuestionamiento. Esta, creo yo, es la relevancia de la enseñanza de la filosofía a las jóvenes. Todas, pero ellas hoy más, necesitamos preguntar y saber preguntar.

¿Qué tópicos considera acuciantes para la discusión filosófica hoy en día? ¿Cómo cree que podría instrumentarse una revisión del canon filosófico para darle más visibilidad a las mujeres filósofas pertenecientes a su país y también a nivel global? 

 

Los temas acuciantes para la discusión filosófica son variables dependiendo de la región y el tiempo en que la discusión ocurra. Es cierto que hay debates de interés general o global, preguntas abstractas que nos atañen a todas independientemente de nuestro lugar. Sin embargo, la filosofía hoy, creo yo, tiene el deber de atender los problemas domésticos (locales, regionales) que dan forma a nuestras vidas. En México, por ejemplo, es urgente discutir, desde una perspectiva filosófica, la violencia de género: ¿por qué ha alcanzado los niveles que ha alcanzado? ¿por qué la crueldad que cada vez se exacerba? ¿cómo podemos acabar con ella? El problema de la violencia es el más apremiante para nosotras, pero en relación al género hay una serie de debates que deben también darse desde esta perspectiva, por ejemplo: ¿hay algo común a todas las vertientes del feminismo? ¿cómo podemos irrumpir las mujeres en el espacio público y hacer que nuestras voces resuenen y establezcan una agenda tanto académica, como social y política? 

Otros temas que creo son urgentes de debatir son los que tienen que ver con la estructura de nuestras sociedades, no se trataría simplemente de comprender su genealogía, sino indagar en qué hace que se sostenga de manera firme cuando sus consecuencias son la mayor parte del tiempo nocivas para las más. En este ámbito creo que sería importante discutir cuestiones como las siguientes ¿qué es el neoliberalismo? ¿en qué sentido es distinto (y/o igual) al capitalismo (es sólo una fase de éste último)? ¿Qué tipo de estructura puede y debe tener una sociedad para potenciarnos a cada una de nosotras como persona? ¿Qué significa, en este contexto, ser una persona?

También es urgente explorar temas vinculados con nuestro entorno material desde una perspectiva filosófica, por ejemplo ¿qué tipo de personas y de sociedad se requiere para que el planeta no perezca en el futuro cercano? ¿qué tipo de relación deberíamos o sería deseable tener con la naturaleza, los animales, la tierra? ¿cómo detenemos nuestro ritmo para transformar la realidad y salvar al planeta?

No tengo muy claro cómo instrumentar una revisión del canon para hacer visible el pensamiento de las mujeres en México. Sé que podemos hacer visible nuestro trabajo generando redes de escucha y apoyo mutuo entre nosotras. Sé, también, que en tanto que las mujeres somos más proclives a atender los temas domésticos, locales, regionales, los temas que subyacen al tejido de la realidad, nuestro trabajo y nuestro pensamiento, apoyado por las redes mencionadas, será inevitablemente visible en el futuro cercano. En nuestro país la lucha de las mujeres ha sido muy significativa en los últimos años y esto está poniendo de manifiesto cómo cada vez es menos posible silenciar la voz de las mujeres.

 

¿Qué filósofas latinoamericanas lee habitualmente o ha leído y nos puede recomendar como referentes de la región o de su país?

 

Tengo que reconocer con pena que he leído pocas filósofas latinoamericanas. Sin embargo, las pocas que he leído me han sorprendido. En México una filósofa que será referente porque empieza a serlo es Zenia Yébenes quien ha trabajado cuestiones de Filosofía de la Religión, en particular la relación de la religión con la medicina (la psiquiatría, la psicología y el psicoanálisis). Otras filósofas que trabajan en México y que son referentes de la filosofía que han hecho las mujeres aquí son Paulette Dieterlen quien ha estudiado la justicia y tiene un libro sobre la pobreza, Nora Rabotnikov quien trabaja cuestiones relacionadas con la filosofía política, Ana Rosa Pérez Ransanz que se dedica a la filosofía de la ciencia, Olbeth Hansberg quien trabaja recientemente el tema de las emociones. No puedo dejar de mencionar a Maite Ezcurdia quien recientemente falleció pero quien fue una gran promotora, estudiosa y productora de filosofía del lenguaje desde la filosofía analítica. También entre nuestros referentes se encuentra Juliana González, Fernanda Navarro y María Pía Lara.

 

¿Cuál/es cree que es/son el/los impacto/s central/es de la actual pandemia sobre las mujeres?

 

Creo que el impacto será muy fuerte pero no sólo sobre las mujeres, sino sobre toda la población. Como siempre creo que los más perjudicados serán los sectores más pobres de las sociedades en el mundo. El encierro que estamos viviendo nos está enfrentando con nosotras mismas, con nuestros modos de vida y sus consecuencias. Si bien la estela de dolor y destrucción que quizá siga a la pandemia será devastadora hay una pequeña luz de esperanza de que este enfrentamiento con lo que el individualismo, la privatización de los servicios de salud, entre otras cosas, han dejado tras siglos de prevalecer nos haga percatarnos de que es urgente transformar nuestros modos de vida y de producción. Es hora de comprender, como dice Yásnaya Elena A. Gil en su artículo del País  aparecido el 22 de marzo del año en curso: “el bien individual no se opone al bien colectivo, el bien individual depende del bien colectivo”.

Compartimos con ustedes un interesante dossier acerca de las posibilidades filosóficas de aproximación a la cuestión de la pandemia de coronavirus.

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Segunda, 11 Mai 2020 10:09

La filosofía y el coronavirus

La académica argentina y especialista en bioética Florencia Luna analiza el rol de la filosofía en el contexto de la crisis sanitaria, económica y humanitaria causada por el coronavirus.

 

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